RUTA nº 067 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 96 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  ASCENSIÓN AL NEVERO
UN 'PICO' DE OXÍGENO
Esta cumbre de 2.209 metros domina todo el valle del Lozoya y tiene fácil acceso desde el solitario puerto de Navafría

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al camino mas corto al puerto de Navafría es la carretera de Burgos (N-I), desviándose a la altura del kilómetro 69 por la M-604 hasta Lozoya. Del pueblo sale una pista asfaltada de 11 kilómetros que remonta el puerto
Domingo Pliego es el autor de una descripción pormenorizada de esta ruta, que figura en su libro '100 excursiones por la Sierra de Madrid' (Ediciones La Librería, tomo 1, itinerario 56)
hoja 19-19 del Servicio Geográfico del Ejército o mapa 'Sierra Norte', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257)
en caso de ventisca o densa niebla (ya se ha advertido), una brújula y un plano nos pueden salvar el pellejo. Se tarda cinco minutos en aprender los rudimentos de la orientación. En invierno, ojo con las placas de hielo y con las tormentas repentinas, que sumen esta parte del Guadarrama en gélidas brumas
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De todos los puertos del Guadarrama, el de Navafría es secretamente el menos transitado. Menos, incluso, que el de la Fuenfría, y eso que la calzada romana que atraviesa este último no está ya la pobre para romerías, mientras que la carretera de Lozoya a Navafría conserva tramos mejor asfaltados que muchas calles de Madrid.

No siempre sucedió así. A principios del siglo XV, Rodrigo Manrique (anónimamente famoso por las coplas que su hijo Jorge le dedicó a su muerte) escribió: "De Lozoya a Navafría, / cerca de un colmenar/topé serrana que amar/ todo hombre codicia habría". Lo cual es índice de que, en un día propicio, el lugar debía de ser un pandemónium de apicultores, poetas y vaqueras de buen ver, entre otros. Y aun antes, en tiempos de Alfonso XI, el puerto de Çega –así llamado entonces– hubo de ser un paso asaz frecuentado por cazadores, a juzgar por la abundancia "de osso en verano et en yuierno, et de puerco a las vezes" ('Libro de la montería, III, X').

Las razones de su soledad actual son obscuras y, para ser sinceros, al montañero le importan un comino. Poder recorrer las alturas que flanquean el puerto de Navafría sin tropezarse con una expedición del Inserso, dos pelotones de 'boy-scouts' y media docena de ecologistas encadenados a un vértice geodésico, es todo lo que un amante de la sierra le puede pedir a la vida un domingo invernal.

El domingo perfecto principia de buena mañana en el puerto de Navafría, con el caminante dispuesto a vencer los más de 400 metros de desnivel que hay entre este paso y el Nevero. Conoce el pico en cuestión. No ignora que ocupa el noveno puesto en el 'top ten' del Guadarrama: 2.209 metros. Ni tampoco que es monte pelado, sin un triste piorno que llevarse a los ojos, sin carácter.

Un cortafuegos trazado en el pinar encauza sus primeros pasos hacia poniente. El repecho es de aúpa, pero en poco más de media hora comienza a ceder para dar paso a una suave pendiente cubierta de matorral bajo, la última vegetación que alegrará sus retinas en lo que resta de jornada. No perderá de vista la alambrada que, paralela al cortafuegos y al camino luego, corre hasta la mismísima cima, porque sabe que, aun hecha trizas como está, puede ser su salvación en caso de niebla o cellisca, meteoros harto comunes en esta parte de la sierra, la más fría, desabrigada y traicionera.

A la hora larga de andar por el filo de la montaña, límite entre las comunidades de Madrid y Castilla y León (suena horrible, dicho tan cerca del cielo), se alza un escalón rocoso que el excursionista supera sin despeinarse; diez minutos después, sale a un amplio collado desde el que en verano se ejercitan los temerarios del ala delta y del parapente; y un cuarto de hora más tarde, corona el pico del Nevero. En total, noventa minutos de gloria privada.

Si durante toda la ascensión ha habido vistas para dar y tomar, al llegar a esta máxima cota no las gozarían mejores ni los ángeles del Señor. Por decirlo en verso, que aquí se antoja lo adecuado: "Rodeado de frondosos y altos montes, / se extiende un valle, que de mil delicias / con sabia mano ornó Naturaleza. /Pártele en dos mitades, despeñado / de la vecinas rocas, el Lozoya, / por su pesca famoso y por sus dulces aguas" (Gaspar Melchor de Jovellanos). Los frondosos y altos montes son todos los de la Cuerda Larga, desde las Guarramillas hasta la Najarra, erigidos en perpetua oposición a la línea de cumbres que va de Peñalara al propio Nevero. Encajonado entre ambas minicadenas serpentea el Lozoya, hilo de plata que enhebra los caseríos de Rascafría, Oteruelo y Alameda del Valle, para luego remansarse en el embalse de Pinilla.

Al pie del Nevero, recoletas hoyas de origen glacial atesoran lagunas mínimas y veneros de los que manan aquellas aguas dulcísimas... Y luego está el aire puro, que no se ve pero que se respira hasta por los poros de la piel. Esto es un pico y no lo que se meten otros.

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