RUTA nº 011 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 83 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  CANENCIA A GARGANTA DE LOS MONTES
ATAJO SIN TRABAJO
Dos pueblos del alto Lozoya siguen usando una senda de vaqueros para evitar un largo rodeo por carretera

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para ir a Canencia lo mejor es ir por la carretera de Burgos (N-I) hasta el kilómetro 68, tomar la salida hacia Rascafría (M-604) y luego el desvío a la izquierda a Canencia (M-629). Hay autobuses de Continental Auto (tel.: 91 314 5755), con salida de la plaza de Castilla
el collado entre Peña Gorda y Cabeza Herreros, de 1.293 metros, no es una barrera relevante
recomendable en cualquier época, pero especialmente en días de crudo invierno, cuando los elementos impiden transitar por mayores alturas
se propone una buena guía: Excursiones por Canencia y Garganta de los Montes (Editorial La Librería), de Domingo Pliego y Pablo Bueno
mapa excursionista 'Sierra Norte' de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91 534 3257)
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El hombre moderno se cree el más rápido del oeste porque ha concebido autopistas, puentes aéreos e 'internés', pero a la hora de la verdad, para ir del valle de Canencia al de Garganta de los Montes, tiene que dar un rodeo de bemoles. En coche no hay menos de nueve kilómetros; a pata, una legua pelada. O sea, la mitad.

Menudas carcajadas soltarían los monteros de Alfonso XI, aquéllos que batían el "rrobredo sobre Gargantiella" y "la Peña de don Galindo" en pos de puercos, tanto en verano como "en tienpo de la nieue"; menudas carcajadas soltarían, íbamos diciendo, si pudieran ver las cuitas de los pilotos enredados en los mapas de carreteras –no una, sino tres hay que coger para conducirse de uno a otro pueblo: M-629, M-604 y M-969–, mientras que ellos tiraban monte arriba y se plantaban en el valle de al lado en un decir amén.

La que antaño fuera Peña de don Galindo –y hogaño, Mondalindo a secas– señorea sobre los valles paralelos en que se asientan ambos pueblos con la autoridad de sus 1.831 metros y el prestigio añadido, en año de nieves, de su cabeza cana. Desde esta torre caballera despréndese hacia el septentrión, como queriendo cerrarle la boca al rumoroso Val de Loçoya, un contrafuerte de montañas menguantes cuyas cimas más señeras se titulan Peña Gorda y Cabeza Herreros. Tales alturas (1.490 y 1.327 metros, respectivamente) definen la mira por la que el caminante deberá apuntar para guiarse correctamente de Canencia a Garganta de los Montes.

El excursionista, que sin duda conocerá de pretéritas andanzas los pinares de Canencia, los regatos, los puentes medievales y el otrora gótico templo de la Virgen del Castillo, saldrá por la calle de los Toriles sin demorarse en demasía. Eso, si no lo entretienen la plática del nativo o los canes zalameros, que no hay en la sierra, y aun en todo Madrid, gente más locuaz que ésta ni más perrera. Poco más arriba, el pueblo se acaba de sopetón: el campo de fútbol, a mano derecha, y las cercas de sucesivas vaquerías, a la siniestra, ciñen una pista que va ascendiendo suavemente hacia prados y hontanares en los que hormiguean lejanas reses. A la altura de una rústica construcción, el excursionista habrá de desviarse en diagonal siguiendo una rodera que, en cosa de veinte minutos, le llevará hasta el collado que separa Peña Gorda de Cabeza Herreros. Y, ya sin pérdida posible, se dejará caer por el robledal que cubre la ladera contraria (el "rrobredo sobre Gargantiella" del 'Libro de la montería') hasta topar con las primeras casas de Garganta.

Hermoso lugar, discreto y hermoso lugar éste de Garganta, que se apellida de los Montes porque está rodeado de ellos: Peña Gorda y Cabeza Herreros, Mondalindo y Regajo, Cardosillo y El Cuadrón..., y que tiene como patrona a la Virgen de los Prados porque siempre fue su vocación la de pueblo ganadero. El potro de herrar mejor conservado de la región –como oro en paño lo guardan, bajo tejadillo y todo, para protegerlo de los meteoros– da fe de ello.

En la calle de San Isidro, al que también se venera aquí de antiguo, incluso antes que en la capital, se alza el Palo de la Paz. Instalado por iniciativa de una agrupación nipona, este mero poste de cuatro caras proclama a los respectivos vientos el deseo de "Paz a todos los hombres" en otros tantos idiomas: castellano, inglés, portugués y japonés. Otro monumento de lo más cosmopolita era el Manneken-Pis que orinaba desde lo alto de la columna de un antiguo vía crucis en la plaza del Pocillo, pero ahora el meoncillo está ausente de su puesto y la fuente donde evacuaba, no pita más.

La iglesia de San Pedro, del siglo XV, será la última visita que rinda el excursionista antes de desandar el camino que hasta Garganta le trajo: el mismo que hollaron leñadores de robles y reales monteros, el mismo que siguen hoy los vaqueros, no el largo camino asfaltado que lleva a todas partes y llega al corazón de ninguna.

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