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RUTA nº 150 PROVINCIA DE AVILA Distancia desde Madrid: 90 Kms.
Castilla-León  SENDA BOTÁNICA DEL VALLE DE IRUELAS
EL LIBRO DE LA SELVA
Un paseo balizado junto al embalse del Burguillo descubre 21 especies presentes en el oriente de Gredos

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el aparcamiento del área recreativa Siempreverde, donde comienza la senda, se halla en el término municipal de El Barraco. Se va por la 'carretera de los pantanos' (M-501) hasta San Martín de Valdeiglesias, donde hay que tirar hacia Ávila por la N-403, atravesar El Tiemblo y, justo antes de cruzar la presa del Burguillo, girar a la izquierda por el desvío señalizado a Las Cruceras. Luego se sigue cerca de siete kilómetros por la orilla del embalse hasta el aparcamiento, que está frente a la entrada del cámping Valle de Iruelas
senda. con letreros y paneles informativos
recomendado para primavera, cuando se produce la espectacular floración de las peonías, las jaras y las retamas blancas
José Luis Rodríguez es el autor de '101 ecorutas de fin de semana: Castilla y Madrid', guía editada por Planeta donde se describen ésta y otras rutas por el macizo oriental de la sierra de Gredos
hoja 16-22 (Navaluenga) del S.G.E. o mapa 556 del I.G.N.
consultar Turismo Rural Valle de Iruelas (tel.: 91-862 5059)
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El de Iruelas es un valle fresquito que, en cuanto aprieta la calor, se llena de madrileños que teóricamente huyen de la sofoquina y el humazo de la gran ciudad. Y decimos teóricamente porque, sin que nadie les obligue, lo que hacen es encerrarse tras la alambrada del área recreativa Siempreverde, entre espesa calígine de barbacoas, mientras que la senda botánica que nace en la esquina del aparcamiento está vacía como si pesara sobre ella una terrible maldición. Tanto es así que, días pasados, una pareja visiblemente atemorizada nos preguntaba: “Oye, ¿está prohibido andar por aquí?”. Como 'El ángel exterminador' de Buñuel, pero en versión ecológica...

La senda botánica no sólo no está prohibida, sino que es altamente recomendable y se halla señalizada a la perfección con siete grandes paneles que cuentan la vida y milagros del pino negral, el enebro, la encina, el fresno, el roble melojo, el pino laricio y el aliso; mientras que el resto de las especies presentes, hasta 22, disponen de un cartel con su nombre común y científico, época de floración y distribución geográfica. La senda arranca, para más señas, frente al cámping Valle de Iruelas, donde se facilita un croquis del itinerario a quienes, pese a todo lo dicho, se crean capaces de perder el camino. Hay gente que se extravía hasta en una pista de atletismo.

Pero como también hay quien no se contenta con un paseíto de sólo un kilómetro, existe la opción, ya desde el primer momento, de alargar el camino subiendo en media hora a la Lancha de las Víboras. El desvío se encuentra señalizado nada más sobrepasar el árbol inaugural de la senda botánica –el tejo– y es una trocha rompepiernas que ofrece magníficas vistas del embalse del Burguillo –donde el río Alberche forma desde 1931 un espejo de 680 hectáreas– y de las rapaces que sobrevuelan este macizo oriental de Gredos. Para mejor ver estas últimas, hay un observatorio de madera al filo de la vertiginosa lancha granítica que da nombre al paraje.

Y es que conviene recordar que el valle de Iruelas, además de una gran riqueza botánica, atesora una de las colonias de buitres negros más importantes de la península Ibérica. Con sus casi tres metros de envergadura y 14 kilos de peso, la mayor rapaz de Eurasia pasea su negra sombra por esta selva, buscando las copas de los más apartados pinos para anidar. El valle, que en 1991 fue declarado Zona de Especial Protección para las Aves (Zepa), ha visto en una década triplicarse los efectivos del Aegypius monachus –de 20 a 80–, y así alejarse de momento esa otra sombra, mucho más negra y amenazadora, que se cernía sobre el futuro de la colonia.

Una vez contemplados los buitres y el embalse, regresaremos a la senda botánica para aprender en el libro abierto de la naturaleza la fragancia del cantueso y del romero, la dulzura de la zarzamora y el amargor de la endrina, a qué llaman escaramujo y a qué majuelo, cómo es la florecica de la retama blanca y cómo el floripondio de la jara, dónde medra el torvisco y dónde el parásito muérdago. Pero si duda es el pino negral –resinero, marítimo, rodeno o negrillo– la especie con mayor presencia en la senda y en todo el valle, favorecida como se ha visto durante siglos por el hombre para obtener su resina y, de ella, la esencia de trementina (o aguarrás).

Cerca de su final, la senda cruza la carretera –la misma por la que habremos de regresar al punto de partida– a la altura de un pino laricio monumental, reconocible por su corteza plateada. Luego se arrima a la aliseda que orla las bullidoras aguas del valle, próximas ya a su desembocadura en el represado Alberche, y muere ante un joven ejemplar de castaño silvestre, otra especie beneficiada desde antiguo por los habitantes de Gredos. Ya sólo nos resta desandar por el asfalto el corto trecho –400 o 500 metros– que nos separa del aparcamiento bordeando el área recreativa Siempreverde, cuya alambrada, después de todo, no está tan mal puesta.

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