RUTA nº 235 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 57 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  EL MONTÓN DE TRIGO
GRANITO A GRANITO
Un monte cónico de Fuenfría evoca la leyenda de un tacaño que murió sepultado bajo toneladas de cereal

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a Cercedilla hay que ir por la autopista A-6 y la antigua N-VI hasta Guadarrama, para subir por la M-622 hasta la estación de Cercedilla y seguir otros cuatro kilómetros por la M-966 hasta el aparcamiento de Majavilán. Muy cerca arranca la calzada romana, que está marcada, para más señas, con círculos blancos en los pinos. Hasta Cercedilla hay trenes de Cercanías (tel.: 902 24 0202) y autobuses de Larrea (tel.: 91-530 4800)
hay varias a lo largo del recorrido  señalizada con círculos blancps sobre los pinos
el centro de información Valle de la Fuenfría (carretera de las Dehesas, km., 2; tel.: 91-852 2213) dispone de personal y material adecuado –planos, croquis, folletos...– para ayudarnos a realizar éste y otros itinerarios por la zona. Más datos sobre Cercedilla y su entorno en la página web: www.pueblos-net.com/cercedilla/
hoja 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército,o la 508 del Instituto Geográfico Nacional; mapa excursionista 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde.
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Montón de Trigo es un hermoso nombre para una montaña. La idea de una pila de grano, de acaso un muelo de rubio trigo candeal, condice a las mil maravillas con la estampa de esta cónica mole de pedrejones que la trilla geológica fue separando del haz de la tierra y amontonando, granito a granito, hasta alcanzar los 2.155 metros de altura, junto al puerto de la Fuenfría. Montón de Trigo nos habla, además, de un tiempo en que la sierra aún sesteaba en el limbo de la autarquía, y en sus laderas menos pendientes cultivábanse grandes parcelas con cereal: eran las suertes o quiñones, que hoy yacen sepultados bajo los embalses, los chalés adosados, los pinares de repoblación y las boñigas de la ganadería extensiva.

Es una pena que, teniendo una gracia tan descriptiva y evocadora, Montón de Trigo no haya encontrado a lo largo de los siglos quién le escriba una leyenda. (Una montaña de roca pelada y sin leyenda es una escalera). De ahí que Francisco Acaso, el último bardo de Cercedilla, fabricase hace un par de lustros una conseja inspirada en la sospecha de que esta insólita cúspide del Guadarrama –un conoide perfecto– no pudo haber sido producto del azar y mucho menos del albedrío humano, sino de una voluntad sobrenatural.

Hace muchos años, en la misma fecha imprecisa de todas las consejas, cuenta Francisco que vivía en esta serranía un rico labrador que, dotado de un perverso instinto y por el uso de los más viles procedimientos, habíase convertido en el amo del pueblo y de sus contornos. Sobre ruin era soberbio, y no sintiéndose satisfecho de su demasiada suerte, que aquel verano le había deparado una ubérrima cosecha, el hacendado concibió la arrogancia de exponer su inmensa fortuna cereal en la Fuenfría, torpe idea que llevó a efecto subiendo carretadas y carretadas de grano hasta lo alto del puerto.

Una nueva montaña –¡montaña de trigo!– descollaba entre Siete Picos y la Mujer Muerta, cuando dos pordioseros aparecieron por la vieja calzada romana procedentes de Segovia. Previsiblemente, los menesterosos pidieron por gracia que se les permitiera llenar de trigo sus zurrones. Previsiblemente, el tacaño se lo negó. Previsiblemente, Dios había de fulminarlo. Y así es como, según el cuento, el Montón de Trigo se hizo piedra, engullendo en su horrísona germinación al pobre rico, que no vivió para lamentarlo.

Por la misma calzada que subieron los pordioseros, pero tomándola por el lado de Cercedilla, el excursionista seguirá la vía de ascenso más directa a Montón de Trigo. El vetusto camino, trazado en el siglo I durante el imperio de Vespasiano, conserva en este tramo un par de puentes (el del Descalzo y el de Enmedio) y buena parte de su enlosado, pero si estos indicios no bastaran para orientar al más cegato, la ruta está señalizada con círculos blancos pintados sobre los pinos.

Una vez en el puerto de la Fuenfría, tras una horita de marcha, la silueta puntiaguda de Montón de Trigo, esa escombrera de titanes que se alza al noroeste, guiará al caminante durante lo que resta de jornada. Para alcanzar su objetivo, el excursionista deberá trepar antes a mano izquierda por la ladera de Cerro Minguete (2.023 metros), girar casi en la cima hacia el norte por un breve collado y atacar el repecho final –bien señalizado con hitos, como los anteriores senderos– hasta topar la cruz de hierro que remata la cumbre.

La sierra de la Mujer Muerta (a poniente) y la afilada crestería de Siete Picos (a levante) son las alturas vecinas que se contemplan desde este señero pedregal. Los valles de la Fuenfría y del río Moros (al sur y al suroeste) y los pinares de la Acebeda y de Valsaín (al norte y al noreste) acercan sus arroyos como dedos trémulos hasta la base de este túmulo que una fuerza inhumana plantó sobre el Guadarrama antes de que los hombres inventáramos a los dioses. Al norte, toda Segovia. Al sur, todo Madrid.

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