RUTA nº 332 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 3 Distancia desde Madrid: 55 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PINARES DE NAVAS DEL REY
LA 'COSTA BRAVA' DEL ALBERCHE
Un paseo por los bosques que tapizan las escarpadas laderas del embalse de Picadas, en el lejano oeste de la región

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Navas del Rey tiene acceso yendo por la carretera M-501 (de Alcorcón a Plasencia por San Martín de Valdeiglesias). Se puede aparcar junto a la iglesia de San Eugenio, para iniciar el camino descrito por la carretera vieja del puerto de San Juan. Hay autobuses a Navas de la empresa Cevesa (tel.: 91-539 3132), con salida de la Estación Sur (Metro Méndez Álvaro)
recomendable para invierno, que es la mejor época para caminar por estos cálidos bosques de pinos piñoneros y encinas
Gerardo Sánchez Peña es el autor de 'Entre Guadarrama y Gredos' (Los Libros de la Catarata; tel.: 91-532 0504), la mejor guía de senderismo de la zona. También puede consultarse, en la misma colección de guías, 'A pie por el Suroeste de Madrid a través de una vía de tren abandonada', del colectivo Cicen-Chrysaetos
mapa 17-22 (San Martín de Valdeiglesias) del S.G.E. o la hoja 557 del I.G.N.
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En Navas hay una estatua dedicada a Fernando VII, un rey que, aparte de concederle el título de villa a este pueblo del lejano oeste madrileño en 1817, no hizo nada bueno y fue sin discusión el peor que ha tenido España, peor incluso que el retrasado de Carlos II. Peor que don Rodrigo, que la perdió. Tan malo fue, que hoy podemos apreciar por contraste lo majos que han sido otros reyes, mejores cuanto más decorativos, y hasta deberíamos estarle por eso mismo agradecidos, como lo están en Navas del (a mucha honra) Rey.

Otro contraste muy apreciable e ilustrativo es el que, dentro del mismo municipio, ofrecen sus feas colonias veraniegas –San Juan, La Rocha, El Morro y Santa Ana– con el campo que las rodea, señaladamente con los bosques que se asoman a la profunda garganta del Alberche. Uno pasa junto a un jardín decorado con gnomos y águilas de escayola y se zambulle de sopetón en un paisaje de pinos monumentales adornado con buitres y águilas de verdad, y se asusta, y se emociona, y abrazándose a un árbol, con ademán un tanto teatral, llora. Si no existiera contraste, no sucedería esto.

Advertidos de lo que hay –de lo bueno y de lo malo–, saldremos de Navas del Rey caminando por la carretera vieja del puerto de San Juan para, unos 200 metros después de rebasar la blanca iglesia de San Eugenio, desviarnos a la izquierda obedeciendo una señal que reza: “Hípica Plaza Doña Ana”. El camino, asfaltado y prácticamente llano, nos conducirá con dulzura por entre viñedos y almendrales hasta que, a tres kilómetros del inicio –una hora de suave andar–, arribemos a la urbanización El Morro, la cual atravesaremos lo más rápido posible, aprovechando que está cuesta abajo.

Impresión brutal, como ya se dijo, es la que produce llegar al fin del asfalto y de los chalés, y colarse en el soberbio pinar por una pista de tierra que desciende con bruscos zigzags en pos del arroyo del Fresno, barranco de aguas saltarinas y pardos esquistos que evoca las soledades geológicas de la lejana sierra de Ayllón. Bajando a su vera, y como a una hora y media del inicio, desembocaremos en la garganta del Alberche, un río que, embalsado tras la presa de Picadas, entre paredes rocosas e intacto bosque mediterráneo, no recuerda nada más cercano, ni menos bello, que la Costa Brava.

Para más pasmo, descubriremos a orillas del embalse la explanación de un ferrocarril que fue concebido en 1891 para unir Madrid con Arenas de San Pedro (Ávila) pasando precisamente por esta garganta. En 1924, las obras estaban tan avanzadas, que en el vecino valle de Valdeiglesias se celebró ya un banquete preinaugural con huevos a la italiana, frito variado, pudding de merluza, coliflor a la española, ternera asada, postre, vino, champán, licor y habano. Tal era el menú, a 10 pesetas por barba. Incluso se trajo una locomotora para verla rodar por un trechito de vía allí instalado. Pero la guerra civil aguó la fiesta y el tren nunca llegó a funcionar.

Siguiendo hacia la derecha el trazado del tren fantasma, muy pronto cruzaremos un viaducto para continuar por la margen contraria del embalse admirando las evoluciones de las aves acuáticas, de los buitres leonados y de las escasísimas águilas imperiales. Así, hasta llegar al puente de San Juan, al pie de la presa homónima, por donde cruza el río la carretera M-501 (Madrid-Plasencia) y por donde cruzaremos nosotros para plantarnos, transcurridas dos horas y media de marcha, en la colonia de San Juan.

Para acometer el último tramo de la gira (otra hora y media, cuatro en total), bordearemos la colonia por la izquierda, por una empinada cuesta que nace junto al bar Los Peña, y luego subiremos por una pista forestal a lo más alto del pinar, dando vistas al embalse de San Juan y a las primeras cumbres de Gredos. La misma pista, llana ya y por encinares, nos guiará hasta la carretera vieja del puerto de San Juan, a un kilómetro y medio de Navas del Rey.

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