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viernes, 4 de enero de 2002
Reportaje:SIERRA DE SAN CRISTÓBAL | EXCURSIONES

La isla del mar de Castilla

Los enormes embalses alcarreños de Entrepeñas, Bolarque y Buendía rodean estos cerros de Sacedón

La de San Cristóbal o Altomira es una sierra suavecita que se eleva a poco más de mil metros junto al pueblo alcarreño de Sacedón. San Cristóbal, que antes que patrón de los conductores fue porteador, lo hubiese agradecido. Rodeada por los embalses de Entrepeñas (que queda al norte), Bolarque (a poniente) y Buendía (al sur y a naciente), la de San Cristóbal, más que una sierra, es una isla.

Las aguas del río Tajo y de su afluente el Guadiela, represadas y niveladas mediante un canal, forman a su alrededor una gigantesca mancha azul que, de norte a sur, mide la friolera de 45 kilómetros. ¿Se imaginan una enorme presa que anegara desde la Puerta del Sol hasta El Escorial? Pues eso.

Bajando hacia la ermita del Socorro se ve el Tajo, hecho un Amazonas, y el castillo gótico de Anguix

Es el llamado Mar de Castilla. Y a fe que lo es, si juzgamos por la cantidad de barcas y veleros. San Cristóbal -no nos pregunten por qué- es también patrón de los balseros.

La primera cima de esta sierra es la que corona el monumento del Sagrado Corazón, y a ella se llega en coche por una pista de tierra -con un trechito final de hormigón- que nace en el kilómetro 222,400 de la N-320, a las puertas de Sacedón. El monumento en cuestión ronda los 25 metros de altura -incluida la peana- y es un Cristo defectuoso, piernicorto y cabezón, al que un rayo, para más inri, le ha acertado de lleno en la cara (San Cristóbal, patrón de los artilleros, no lo hubiese hecho mejor). Para compensar, el panorama es divino: se ve Sacedón en plano picado, todo el embalse de Entrepeñas y, en dirección contraria, un filo del de Buendía, acúatica frontera entre la Alcarria de Guadalajara y la de Cuenca.

Para recorrer la sierra de San Cristóbal, patrón de los que andan con bultos a cuestas -en nuestro caso, la mochila-, vamos a deshacer el tramo de hormigón y seguir la prolongación de la pista de tierra hacia el sur, caminando por lo alto de la sierra entre olivos y carrascas, entre romerales y tomillares de los que liban las inquilinas de varios colmenares, nada más pasar uno de los cuales, ya en plena cresta de la sierra, avistaremos casi por completo el embalse de Buendía. Construido, como los otros, a mediados del siglo XX, éste se tragó nada menos que un real sitio, La Isabela, así bautizado en honor de Isabel de Braganza, segunda mujer de Fernando VII, rey amigo de los baños que mandó hacer un palacio y un pueblo de rectas calles y plazas anchas junto a un balneario antiguo y famoso, la Thérmida de los romanos. A las aguas lo que es de las aguas.

En una hora, sin dejar la pista, llegaremos a una bifurcación bien señalizada con un artístico mojón donde aparece san Cristóbal con el niño Jesús a hombros. Bajando a la derecha, hacia la ermita del Socorro, gozaremos de las más soberbias vistas de todo el recorrido: el Tajo hecho un Amazonas tras la presa de Bolarque y, encaramado en un escarpado meandro, el castillo de Anguix, gótico, del siglo XV, pentagonal, con tres cubos, torre del homenaje de 18 metros de altura y un postigo. Menudo chalé y menudo patio.

Media hora más y estaremos en la ermita de la patrona de Sacedón, Nuestra Señora del Socorro, que, además de vistas, tiene historia. Se dice que fue sufragada en 1613 por un cazador que, viéndose atacado de noche por una grande sierpe, libróse de ella invocando a la Virgen. Las crónicas dan dos nombres para el socorrido: unas hablan de Domingo López del Socorro y otras de José López de Heredia. Lo cierto es que era un tal López, devoto de María y de Diana cazadora, y que, en las noches de la Alcarria, veía anacondas.

Otra media hora -y van dos- nos llevará alcanzar de nuevo la cresta por un sendero que surge a espaldas de la ermita. Marcado con trazos de pintura blanca y amarilla, tropieza enseguida con la alambrada de una finca privada, la cual obliga a trepar hacia la izquierda. La pista que corre por la cima nos devolverá a la anterior bifurcación, junto a la imagen de san Cristóbal, patrón de todos los que andamos por el mundo abrumados por el peso de tanta belleza.

En un claro día de invierno

- Dónde. Sacedón dista 110 kilómetros de Madrid. Se va rápidamente por la autovía de Aragón (N-II) hasta Guadalajara capital y luego por la N-320. En el kilómetro 222,400 de dicha carretera, 300 metros antes de la señal de inicio de población de Sacedón, sale a mano derecha la pista de tierra que sube hacia el cerro del Sagrado Corazón, donde se puede aparcar el coche para iniciar el recorrido a pie. Hay autobuses a Sacedón de la empresa Trapsa (teléfono 91 468 42 00), que salen desde Méndez Álvaro, en Madrid. - Cuándo. Marcha circular de 13 kilómetros y tres horas y media de duración, con un desnivel acumulado de sólo 200 metros y una dificultad baja, recomendable para un día claro (las vistas son su mayor atractivo), como suelen serlo muchos del invierno. - Quién. José Luis Cepillo, Francisco Ruiz y Juan Madrid son los autores de Andar por las sierras de Guadalajara (Libros Penthalon), guía en la que se describe una variante algo más larga de este recorrido, llegando hasta el vértice geodésico de la peña del Reloj. - Y qué más. Si no se conoce la zona, conviene llevar el mapa 22-22 (Sacedón) del Servicio Geográfico del Ejército, o el equivalente (562) del Instituto Geográfico Nacional, ambos a escala 1:50.000.

Un excursionista contempla el embalse de Entrepeñas desde la sierra de San Cristóbal. / A. C.

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