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RUTA nº 466 PROVINCIA DE GUADALAJARA Distancia desde Madrid: 118 Kms.
Castilla-La Mancha  BARRANCO DEL REATO
LA VIRGEN, LOS FRAILES Y LA MORA
Torres, cuevas y acantilados salpican un valle escondido entre los pueblos alcarreños de El Sotillo y Las Inviernas

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El barranco del Reato tiene acceso por el centro de la provincia de Guadalajara, yendo por la A-2 y tomando la salida 107 (dirección Las Inviernas). A los ocho kilómetros hay que desviarse a El Sotillo, donde empieza la ruta a pie
circuito por pistas de tierra, sendas y un breve tramo de carretera sólo señalizado en parte, con trazos de pintura blanca y roja
La Parada del Viajero (Tel. 949 81 0970): senderismo, viajes culturales y talleres medioambientales en La Alcarria. Ayuntamiento de El Sotillo (Tel. 949 81 7512). Otras rutas a pie, ver www.henaresaldia.com
hoja 22-19 (Ledanca) del S.G.E.
Comer: Casa de los Gallos (Cifuentes; Tel. 949 81 0662): cocina de la abuela —migas, lentejas viudas, cabrito asado...— en un local acogedor; precio medio-bajo. La Esquinita (Cifuentes; Tel. 949 81 1364): platos de matanza, chuletas de cordero y pescados a la espalda; precio medio. Casa David (Cifuentes; Tel. 949 81 0285): sorbete castellano-manchego, perdiz escabechada y asados; precio medio.Dormir: El Molino de Las Inviernas (Las Inviernas; Tel. 91 561 0342): a orillas del Tajuña, molino rehabilitado con chimenea, porche, pradera y huerta; se alquila completo, el fin de semana, por 360 euros. El Cerrao de San José (Ruguilla; Tel. 949 81 8823): hotelito rural en una finca de cuatro hectáreas, con cuidada cocina; precio bajo. El Granero (Cifuentes; Tel. 616 73 4735): bonita casa en un antiguo almacén de grano; precio bajo
En Cifuentes (a 15 km): nacimiento del río Cifuentes, plaza Mayor triangular, portada románica de El Salvador y castillo de don Juan Manuel. En Pelegrina (a 25 km): hoces del río Dulce
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Dicen que en el barranco del Reato, allí donde desagua al Tajuña, hubo antaño una aldea, una aldea fundada por colonos vascos durante la Reconquista, unos colonos que se encontraron una virgen románica escondida en un espino, una virgen a la que llamaron Aranz o Aránzazu (arantza, en euskera, es espino), y a la que se encomendaron con fervor, aunque sin ningún provecho, pues la aldea acabó siendo arrasada por una plaga, dicen que de hormigas.

No es por echarle el muerto a la Virgen de Aranz, pero el pueblo de El Sotillo, donde hoy se venera esta talla del siglo XIII, tampoco presenta un aspecto muy boyante que digamos. En teoría, es un lugar de 46 vecinos. La realidad es que sólo dos docenas lo habitan de continuo y que el excursionista, esta mañana, no se tropieza con ninguno.

La hormiga asesina de El Sotillo, contra la que nada pueden los rezos ni los modernos plaguicidas, se llama éxodo rural. No ve un alma el excursionista. En su defecto, ve la fuente del Perro, seis de sus caños manando chorros como brazos, y el séptimo, precisamente el que se adorna con la cara de un can, seco. Ve el lavadero, cuya techumbre de madera se sostiene de milagro, con el pilar central amputado. Ve la iglesia donde se custodia la imagen susodicha y ve, en la casa de enfrente, la única señal de vida humana, una pintada de 1963 que advierte: "El forastero que benga (sic) a pretender a este pueblo, le cuesta la moza 500 pesetas". Visto lo cual, el forastero, que lo que 'biene' es a caminar, sale del pueblo hacia el oeste, dejando a sus espaldas la iglesia y la casa de la pintada, por la pista asfaltada que baja junto al arroyo del Chorrón entre nogalas mil, suficientes para abastecer de nueces, no ya a El Sotillo, sino a toda la Alcarria.

El asfalto se acaba a los 500 metros, justo en la confluencia con el barranco del Reato, aquí poblado de álamos. Poco más abajo, hay una bifurcación, y por el camino de la izquierda, siguiendo el cauce meandroso del Reato, el excursionista llega, tras haber andado media hora desde el pueblo, al punto en que el barranco aparece completamente inundado.

Aguas abajo —aguas que, en realidad, no son las del Reato, sino las del Tajuña, retenidas por la presa de la Tajera—, se halla la ermita de Aranz, único resto de la aldea que se comieron las hormigas. El excursionista, si tuviera una barca, se acercaría a verla. Pero cómo no, se queda en esta orilla admirando los Frailes, cinco torreones calizos que semejan cinco monjes encapuchados, monjes a los que se imagina rezando un responso por aquellos aldeanos de prosapia vascongada que no conocieron, ¡ay!, el insecticida.

De vuelta en la bifurcación, el excursionista toma el camino que cruza el Reato por un puente de cemento y zigzaguea ladera arriba hasta salir a la carretera que lleva al embalse de la Tajera. Por ella avanza hacia la izquierda y, un kilómetro después —un cuarto de hora— se desvía a la diestra por una pista de tierra que desciende entre campos de cultivo hasta Las Inviernas, otro pueblo de labriegos que languidece, sin que nadie lo sepa, a sólo una hora de Madrid. Éste tiene también su pintada en la pared del frontón: "Por fin progresa nuestra Castilla".

Aquí se cumplen dos horas y media de marcha. Para completar esta gira de cuatro horas, sólo hay que seguir las señales rojas y blancas del sendero GR-10, las cuales conducen sin pérdida desde el cementerio de Las Inviernas hasta El Sotillo, surcando un selvático encinar.

A punto de arribar a El Sotillo, se atraviesa de nuevo el Reato por el paraje del Escalón, un tajo curvo y violento, como un guadañazo, entre acantilados tapizados de hiedra y peñascos fantasmales. En el fondo sur de esta hoz se esconde una cueva grandecita, abovedada y con tragaluz, a la que dicen de la Mora. El excursionista, después de mucho mirar y remirar, no la encuentra. Si hubiera alguien a quien preguntar... Si lo hubiera, entonces éste no sería el rincón más solitario, salvaje y bello de Guadalajara.

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