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RUTA nº 047
125

Para primavera e invierno Desnivel de 100 a 200 metros

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Castilla-La Mancha  PROVINCIA DE GUADALAJARA
CASCADA DEL ALJIBE

UN SALTO DE PIZARRA
Pueblos de arquitectura negra del macizo de Ayllón jalonan la senda que lleva a esta bella caída de agua

 
 
la aldea de Espinar, punto de partida de esta excursión, tiene su acceso más rápido por la carretera de Barcelona (N-II), saliéndose en Guadalajara por la CM-101, para seguir luego las indicaciones viales hacia Yunquera de Henares, Humanes, Puebla de Beleña, Tamajón y Campillejo
la empresa Ocejón en Compañía (tels.: 949-82 3602 y 689 84 3415) organiza rutas de senderismo, cicloturismo y en todoterreno por la zona. José María Ferrer aporta curiosas noticias sobre los pueblos de arquitectura negra en la guía '200 kilómetros alrededor de Madrid', de Ediciones La Librería. Más información en la Oficina de Turismo de Cogolludo (tel.: 949-85 5001). No hay fuentes
pista de tierra, sendero y un breve trecho de carretera
puede acometerse en pleno invierno al discurrir por cotas bajas del macizo de Ayllón (1.100 metros). Esta época y principios de primavera son las más recomendables para ver arroyo y cascada con el máximo caudal
sin señales que indiquen el paradero de la cascada
la cascada figura en el mapa 'Sierras de Ayllón y Ocejón', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257). Para más señas, es la que aparece fotografiada en la portada de dicho plano. En su defecto, se puede consultar la hoja 20-18 (Tamajón) del S.G.E. o la 459 del I.G.N.
 

Los pueblos que yacen acurrucados en la falda occidental del pico Ocejón son muy extraños. (Aclaremos que extraño viene del latín 'extraneus': exterior, ajeno, extranjero). Tan extraños son que José María Ferrer, en su clásica guía '200 kilómetros alrededor de Madrid', los compara con los de las tierras asturianas de Oscos, multiplicando por tres el radio de interés de su obra. No es el único. Domingo Pliego ha parangonado la soledad de esta comarca (0,8 habitantes por kilómetro cuadrado) con la de Groenlandia o Mongolia. E incluso hay quienes, al propio Ocejón, que preside esta valle remoto del macizo de Ayllón, le llaman el 'Cervino manchego'. Extraño. Más que extraño, el pueblín de Espinar es negro, que no es lo mismo. Bien mirado, lo verdaderamente extraño sería que las casas de Espinar fuesen de mármol sacaroideo, habiendo en derredor pizarra 'a patás'.

Además, la pizarra es un soberbio material de construcción, pues se exfolia con nada y forma lajas planas, muy a propósito para techumbres. La única pega es su peso, que obliga a levantar ciclópeos muros de carga. Tejados que semejan calzadas romanas; espesos muros de pizarra que apenas respiran por portezuelas y ventanucas rematadas con fuertes cartaderos de roble; algún tejaroz soportado por armazón de madera y el inconfundible volumen semicilíndrico del horno adosado a ésta o a aquella vivienda son elementos comunes a los pueblos negros, incluido Espinar.

Privativo de Espinar es el camino que conduce de la forma más célere y rectilínea a la cascada del Aljibe, uno de esos prodigios que, de uvas a peras, se saca el macizo de Ayllón de la chistera de pizarra para resarcirnos de sus kilométricas desolaciones. El tal camino es una pista de tierra que sale de la aldea hacia el sur, entre las últimas casas y una cancha de baloncesto, y corre por lo alto de una loma despejada, con una leve pendiente, que no ofrece al paseante más compañía que la de las jaras y algún añoso roble solitario, pero enormes vistas de la ingente mole del Ocejón (2.049 metros), a naciente, y de la afilada sierra de la Puebla, a poniente.

A dos kilómetros del inicio -media hora de andar a paso normal, ni de carga ni de buey- se presenta una bifurcación a la altura de un robledillo en la que deberemos tomar por el ramal de la derecha, para enseguida volver a desviarnos a la diestra por unas rodadas que discurren entre campos de cultivo. Rebasadas las postreras aradas, el camino desciende bruscamente entre jarales hasta la orilla del arroyo del Soto, que un centenar de metros más abajo, cerca ya de su desembocadura en el Jarama, se precipita por un despeñadero de erizadas pizarras dando un par de saltos consecutivos de dos y diez metros de altura. A la balsa casi inaccesible que se forma al pie del primero debe su nombre la cascada del Aljibe.

Si no disponemos de un mapa del terreno, deberemos dar por concluida la excursión en este punto; el espectáculo que ofrece la cascada, contemplada desde la escarpada margen izquierda, es cumplida recompensa para una hora escasa de caminata. En caso contrario, podremos reanudar el camino donde lo dejamos -un centenar de metros arroyo arriba- y, salvando un breve repecho, remontar el profundo valle del río Jarama hasta el puente de Matallana.

De este puente de maderos carcomidos, remendado con trillos y apoyado en sus vanguardias sobre crasos muros informes de pizarra, sólo diremos que es una pieza digna de un museo etnológico, pero en ningún caso animaremos a nadie a cruzarlo. Así que continuaremos nuestro camino hacia el norte, alejándonos progresivamente del Jarama, para arribar a Roblelacasa, bucólica aldehuela encaramada sobre el barranco del arroyo del Soto. Y ya por la carretera, apenas transitada, volveremos a Espinar oteando por el rabillo del ojo izquierdo Campillo de Ranas, apiñado en torno a la torre de su iglesia, negra, como es natural.

Francisco Román nos comenta, el 10.04.2010 "comprobamos con satisfacción que el puente de los Trillos, sobre el Jarama, ha sido reconstruido totalmente. Ahora es seguro, un puente como es debido, y tiene hasta barandilla. Lo curioso es que debajo del puente actual han dejado la estructura del anterior. Debe ser como homenaje a los valientes que lo cruzaban."