Si hay una montaña en Madrid que combine facilidad, ambiente
y vistas, esa es Peña La Cabra.
Como ya dijimos en el foro, es la que, a mi modesto entender,
mejor relación calidad-precio tiene en la zona de Madrid.
Claro es, suponiendo que la calidad sea el espectáculo y el
aspecto, y el precio el esfuerzo a invertir y los riesgos a
correr. Quizá se le pudiera comparar en eso con Peña Valiente, pero
La Cabra es como más montañera. Como más salvaje.
Planteemos un escenario, como dicen los políticos: Un buen día
charlando con un amiguete que nunca ha estado en esto de la montaña,
le hablamos con entusiasmo de las excelencias que tiene este
deporte, de lo sano que es, de lo que te diviertes y esas
cosas. El amiguete pone cara de no entender para qué demonios
echamos los bofes subiendo a una montaña, pasando frío o calor,
penalidades varias y jugándonos la pelleja entre los riscos, si
llega el caso. No obstante, se encuentra receptivo a pasar por la
experiencia, siempre y cuando la cosa sea fácil y descansada.
Además, llevaría niños, porque ya sabemos que la vida con enanos es
distinta, y él es un padre responsable, etc. Por si fuera poco, a su
santa esposa o compañera como que no le apetece hacer esfuerzos de
éstos.
Son de esa gente que incluso llegan a creer que en la cima del
Almanzor, pongamos por caso, tendría que haber un chiringuito en el
que sirvan raciones de patatas bravas y vermut de grifo. Asimismo,
opinan que los caminos de montaña deberían poseer dos carriles en
cada sentido y carril de aceleración.
Y a pesar de eso nos dicen, como sin gana: "hombre, pues
algún día tendríamos que hacer una rutilla de esas que os hacéis
vosotros, para ver que es.". Naturalmente, no le metáis en La
Cuerda Larga, ni la Integral de La Pedriza o el Canchal de La
Galana. Si lo hacéis, o se vuelven a la primera o se acuerdan de
vuestros antepasados, por no decir que os mentan la madre.
Para eso, ni lo dudéis: Peña La Cabra. La montaña agradecida. La
montaña en oferta, buena, bonita y barata. Y por si fuera poco aquí
al lado.
Para llegar a Peña La Cabra desde Madrid, no hay más que tomar
por la A1, salirse en Buitrago, y en dirección Gandullas, y pasado
éste, llegar hasta Prádena del Rincón. En el mismo pueblo, a la
derecha, está la desviación a La Puebla de La Sierra, que tomamos y
que nos conduce hasta el Puerto de La Puebla, donde dejamos el
coche.
Antes de empezar, las consejas:
- Ascensión muy fácil y andadera. Sin peligro de
ninguna clase.
- No hay agua en todo el camino, pero tampoco
hace mucha falta.
- No hay transporte público
-
Hay cobertura telefónica en toda la subida.
- No obstante, en invierno, dependiendo de las condiciones
atmosféricas, puede hacer mucho frío. Atención al hielo en la última
parte, que lo hay, pero como mucho problema daremos con nuestros
huesos en tierra (o en piedra, que es peor), pero no nos
despeñaremos. Con estas condiciones, crampones y piolet, que nunca
sobran en invierno
- Asimismo, puede hacer mucho viento. En
el anterior invierno tuvimos que darnos la vuelta, porque en el
collado el viento no nos permitía mantenernos de pie.
Descripción Detallada de la Ruta:
Una mañana de primavera del mes de mayo decidimos que teníamos el
día vago. Se estaba la mar de calentito en la cama y como que no
apetecía madrugar, así que nos levantamos tarde. Nos apretamos una
de churros y otra de porras en el bar de abajo para celebrar el día
mundial sin colesterol.
A las 11 de la mañana ponemos rumbo a Peña La Cabra, porque
adónde íbamos a ir a esas horas y en esas condiciones.
Dejamos el coche en el mismo Puerto de La Puebla (1.636 mts), en
donde buenamente podemos, pues está hasta los topes (es decir, 6
coches, más o menos). Nos echamos a andar por el camino que sale a
la derecha de la carretera, según el sentido de subida al puerto
(hacia el sur, o sea), que si pillamos el de la izquierda, nos vamos
al Porrejón, que es parecido, pero menos galano.
Es posible que en la excursión veamos personajes de toda laya y
condición, incluidos abuelos provectos, niños de pecho, bakalas, y
hasta registradores de la propiedad. Pero eso no nos debería
importar. Los sitios como éste es lo que tienen.
Al principio, el camino va casi llanito y entre árboles, y pronto
llega hasta unas antenas de telefonía y empieza a empinarse un
poco. Nos encontramos unos corrales con unas cabras domésticas (foto
1). Lógico, con este nombre, lo raro sería encontrarnos con mamuts.
Seguimos subiendo ligeramente y nos metemos en una pedrera incómoda
y algo incómoda de caminar, pero tranquis, que no hay más hasta la
misma cima. Decídselo al amigo ese que ha venido hoy, que es verdad
de la buena.
Subimos un poquito, y tras pasar una brecha, nos plantamos en el
Cerro Portezuela, algo pedregoso (1.710) mts., desde el que ya se ve
nuestro destino final.
Atravesamos ahora un pequeño collado, y vemos con claridad, al
fondo, la oronda mole de Peña La Cabra (foto 2). Es posible que el
amigo que viene con nosotros, con las zapatillas Reebok y una parka
Timberland que se acaba de comprar en las rebajas, como que se
acojone un poco al verla. Pero nada, insistid en que es solo el
aspecto, que perro ladrador poco mordedor.
Casi llaneamos por el citado cordal, y a través de un camino en
estupendo estado nos aproximamos poco a poco a la montaña. Nos
encontraremos a la izquierda, al borde del camino, una especie de
cabaña de madera, parece que refugio de cazadores, y ya teniendo
siempre a la vista el objetivo final. A la derecha del cordal, vemos
los pueblos del valle del río Madarquillos, Prádena, Montejo,
Horcajuelo. lo que antes se llamaba la Sierra Pobre y ahora ya no.
Por suerte.
Al pasar por el herboso collado de la Tiesa, (joé, el nombrecito)
tenemos que dejar la pista que llevamos, y desviarnos hacia la
derecha por un sendero algo borroso, (foto 3) pero muy llano y
andadero. No obstante, no hay ninguna pérdida, siempre tendremos
enfrente Peña la Cabra. Y si hay mucha niebla, no hay cosa, porque
el amigo del gorro Adidas ya se habría vuelto. Y seguramente
nosotros también.
Pasamos por la derecha (o por la izquierda, no hay problema) una
peñas que nos dejarán en la ladera oeste. Hay como una canal de
hierba, bastante ancha, que sube pronunciadamente. Desde aquí,
veremos hacia abajo, La Puebla de La Sierra.
Ya tenemos justo enfrente el coloso (foto 4). Bueno, colosito.
Pero la verdad, verdad de la buena, es que aparenta bastante. Un
cono pedregoso, abrupto y oscuro que aparentemente va a requerirnos
algo de esfuerzo. (foto 5).
Pero no, cuando llegamos al collado (sitio lógico para acometer
la última subida), nos damos cuenta de que ni es tan empinado ni tan
abrupto. Es que nos pillaba un poco abajo. Si nos fijamos en la foto
5 veremos que hay una mancha de nieve. Si también la hay cuando
subáis, al amigo de las Adidas, a su mujer, y a los niños que
vendrán con anorak de Carrefour recién estrenado, y mochila del Cola
Cao, les podéis decir que se trata del famoso Glaciar cuaternario de
Peña La Cabra. Y quedáis como reyes.
Bueno, que el caso es que la cumbre se puede atacar casi por
cualquier sitio, pero justo hacia el borde derecho del susodicho
glaciar, tal como le veis en la foto, hay unos pequeños hitos que
apenas se distinguen por pequeñajos y porque se mimetizan. Pues por
ahí es el mejor camino. De todas formas, vale por cualquier otra
parte, ya os digo.
En 10 minutos llegamos a la cumbre y tocamos el vértice geodésico
(1.834 mts). Y entonces es cuando nos enteramos de lo que es esta
peña. El mejor balcón de esta parte de la sierra, con unas vistas de
360 º que dejan estupefacto. Y es lo mismo alargar la vista que
dejarla en las proximidades. Igual de impresionante. Estamos muuuy
contentos y miramos mucho. (foto 6) (foto 7).
Para que contar lo que se ve, si se ve todo. A nuestros pies,
vemos La Puebla de la Sierra (foto 8) en el cerrado valle que sale
hacia El Atazar. Por cierto, que ahí se ven las rutas para bajar a
La Puebla. Casi me quedo, ahora que la vuelvo a ver, con la del
compañero Antonio, rodeando esos pinos de repoblación que se ven a
la izquierda. Enfrente, La Tornera (foto 9).
Hacia el este, y exactamente a nuestros pies, los Canales de Peña
La Cabra (foto 10) (foto 11), que eso ya es otro cantar, así a ojo,
1.000 mts. de desnivel con una pendiente de órdago. Y hacia el
norte, el cordal de La Pinilla, detrás del Cerrón. (foto 12) El
Ocejón (como no), perfectamente visible (foto 13). Las nubes hacen
que desde el vértice el color y la luz cambien constantemente(foto
14) (foto 15).
A estas alturas, si el amigo de las Reebok tiene algo más de
sensibilidad que un poste, estará maravillado. Y si no, es que está
perdido para la causa, y mejor que se dedique a otra cosa.
Agradecidos a esta generosa montaña, a la que han puesto un
nombre tan feo, nos volvemos por el mismo sitio hasta el coche,
no sin antes comentar con el suprascrito amigo que esto del
montañismo es muy, pero muy, pero muy fuerte, o sea.
Ah, por cierto, en La Puebla hay un restaurante decentillo. Y
Montejo está cerquita, con sus chuletones y sus cojonudos (o como se
diga). No desaprovechemos la ocasión, compañeros.
Volveremos
muchas veces, querida Peña.