CAÑON DEL TERA
                  Y
CUEVA DE SAN MARTIN

Distancia Cañón: 8 km
Dificultad: media.
Desnivel:500 m
Ruta:senda


Distancia Cueva:4km
Dificultad:media
Desnivel:310 m.
Ruta:senda

Excursión por el cañón del Tera situado en la Sierra de Segundera y Laguna glaciar de los Peces.
La travesía discurre por los agrestes barrancos glaciares del Tera y de Forcadura en la alta montaña zamorana. Un lugar fascinante, por su formación geológica, de origen glaciar y por el abundante agua que llena lagunas, ibones y gargantas.

El río Tera, nombre de origen griego, desciende por el lecho glaciar del impresionante cañón que los hielos del periodo cuaternario labraron, en las tierras altas de la provincia de Zamora, enlas cercanías del pueblo de Sanabria. Río Tera El cañón del Tera, el más largo en su género dentro del Sistema Central Ibérico, desciende encajonado entre los grandes farallones de pulimentada cuarcita de la Sierra Segundera.

El relieve orográfico de este territorio peninsular, en el que se asientan los cañones del Tera, Forcadura y Cárdena, así como las numerosas lagunas y grandes pozas, tuvieron su origen en el extenso manto de hielo que se instaló en la altiplanicie de la Sierra Segundera y la sierra de la Cabrera, de las que partían en dirección sur numerosas lenguas de hielo.

Cañón del Tera El cauce preglaciar del Tera fue aprovechado por una de estas lenguas, que alcanzó los 20 kilómetros de longitud. La masa de hielo sobre un medio ya alterado por un intenso preglaciarismo, explica las características de la cubeta que soporta el lago de Sanabria, y el accidentado relieve del cañón del Tera.

Las masas de los hielos que cubrieron durante siglos las montañas del norte de la provincia de Zamora, crearon con su permanente trabajo erosivo, un bellísimo y excepcional paisaje, digno de ser admirado y conservado por todos los amantes de los lugares salvajes y solitarios, donde la naturaleza se revela con toda su fuerza y sabiduría sobre la incierta verdad de la razón humana.

Una belleza díficil de describir

Describir en una líneas la hermosura de este lugar, su valor geológico, paisajístico y natural, es una tarea un tanto difícil. No es menos arriesgado recoger en las distintas imágenes fotográficas, la exuberante riqueza ecológica que guardan estos apacibles rincones. Por ello, lo mejor es recorrerlos a pie, si es posible, durante las cuatro estaciones del año y disfrutar en la más absoluta soledad, del misterioso encanto de estos recónditos parajes, saturados del embriagador aroma de las flores y los numerosos arbustos que crecen por doquier. La alta Sanabria con sus grandes torrentes de agua, lagunas y cascadas, junto a las cuales vive una variada flora y fauna autóctona, es sin duda el lugar más hermoso que la naturaleza ha creado en estas tierras de Zamora.

Cañón del río TeraLas huellas que sobre la roca de cuarcita y pizarra dejaron los hielos, son hoy visibles a lo largo de todo el cañón del Tera y la estepa de la alta planicie, pudiéndo ser éstas admiradas con todo lujo de detalle en los profundos barrancos, excavados por el hielo, junto a los sucesivos circos, las alturas aborregadas, las numerosas marmitas construidas en la dura roca, las altas morrenas, y los grandes bloques erráticos que yacen esparcidos por el fragmentado lecho de los valles, y las extensas lagunas, muchas de ellas colmatadas por los sedimentos que el agua arrastra hasta su cubeta.

Todo este conjunto de fenómenos naturales contribuye a hacer de la comarca de Sanabria un paraíso geológico de singular belleza.

Pero si los cañones y lagunas glaciares que salpican las altas sierras son un elemento importante como monumentos de la geología que influyen decisivamente en la formación del paisaje, no es menos el valor botánico de la flora y la fauna del lugar. Entre estos riscos tienen su hábitat una vegetación arbórea de robles, acebos, tejos, enebros y serbales, que hunden sus raíces en las grietas que dejan en sus plegamientos las rocas de cuarcita, o en los depósitos de arcilla arrastrada por las torrenciales aguas.

En la parte superior del lago de Sanabria, se encuentran las pocas casas del pueblo de Ribadelago Viejo que dejaron en pie las enfurecidas aguas del embalse de Vega de Tera, al ceder la presa la fatídica noche del 8 al 9 de enero de 1959. A su paso por el cañón el agua arrasó todo vestigio de vida arrastrando grandes bloques de roca y parte del muro hasta las inmediaciones del lago, con la riada desparecieron casas, personas, enseres y animales domésticos.

Ribadelago, víctima de riadas e inicio de la ruta

De las viejas casas que aún se conservan en pie de Ribadelago, parte el sendero que asciende por el cañón del Tera, hasta alcanzar las altas cumbres de la Sierra Segundera, y el pico Moncalvo 2.044 m., situado entre Zamora y Orense. Moncalvo al igual que Peña Trevinca, situada más al norte, está considerado, entre los amantes de la comarca de Sanabria, como uno de los lugares más privilegiados de la zona, desde donde se tiene una amplia visión del conjunto de sierras, valles, y lagunas glaciares que configuran este extraordinario paisaje de montaña.

Saliendo del pueblo, el camino asciende por el cañón del Tera toma la margen derecha del río, y sube por entre el bosque de ribera que se cierne sobre los márgenes del río. Se cruza a la otra orilla por un improvisado puente y se avanza a través de un campo sembrado por grandes bloques erráticos y un aluvión de cantos rodados, arrastrados hasta aquí por los glaciares y las torrenciales aguas del Tera. Un poco más arriba se comienza a superar los primeros resaltes de roca, que caracterizan la generalidad del escabroso relieve del cañón.

El camino que sube sorteando las barreras de roca y los numerosos torrentes, está bien marcado por el paso comtinuado de animales domésticos y del hombre, este continua en toda su primera parte por la orilla izquierda del río, salvando pequeños lagos, altas morrenas y bellos ibones, auténticos monumentos geológicos. En algunas zonas es necesario atravesar el río por estrechos pasos, en donde se forman grandes cascadas, que vierten por enormes precipicios, dando origen a sonoros torrentes. Para contemplar algunos de estos espectaculares saltos de agua, es preciso desviarse del camino unos metros, y acercarse hasta la orilla del río donde el agua mantiene un enfurecido pulso con la roca.

Ibones, embalses, lagos y lagunas


A una hora y media de marcha y superadas las mayores dificultades del cañón, el camino cruza de nuevo a la margen derecha del río. En este lugar se bordea un pequeño ibón que se halla un tanto retirado. Superado su perímetro, el camino marcado con hitos, se reintegra de nuevo a la margen del río para continuar cerca de su curso.
Próximo a este ibón nos encontramos con un ensanchamiento del valle que desemboca en uno de los lagos más recónditos y solitarios del cañón, el de la Cueva de San Martín

Cueva de San Martín Es una profunda poza excavada en el suelo, a la que vierten las aguas del río Tera, aguas que se despeñan desde un alto precipicio por un delgado canal erosionado en la roca. La poza se halla rodeada por grandes paredones y verdes prados. En las inmediaciones se encuentra una cabaña con techo de pizarra y un poco más alejado un refugio de pescadores. Los alrededores de este lago están cubiertos por bosques de robles y serbales junto a los cuales crece una exuberante vegetación de matojos y arbustos menores que cubren el entorno, donde se guarecen algunas exóticas especies de la flora y fauna de Sanabria.

La senda que sigue cañón arriba, tiene su continuidad en las inmediaciones del refugio, situado a unos trescientos metros del lago, en la vertiente de San Martín. Una vez superado el resalte rocoso que hay junto al lago, la senda sigue río arriba por la parte derecha de éste hasta alcanzar los decrépitos bloques de cemento y piedras del embalse de Vega de Tera. En este último tramo, la senda se va desdibujando y a veces se pierde, por lo que hay que tomar como referencia la margen del río y los muros del embalse que aun permanece en pie.

Pasamos al lado izquierdo del pantano por su parte baja, unas escaleras de cemento construidas junto al viejo muro nos conducen al refugio que hay cerca de la presa. Desde éste se asciende un poco para tomar la pista que bordea el embalse, y continuamos hasta rebasar el agua embalsada del pantano, en este lugar abandonamos el camino carretero y comenzamos a remontar la suave loma de la Sierra Segundera que desciende sobre el lecho del Valle del Tera, sin apenas dificultad, ganamos altura hasta situarnos en la cima del pico Moncalvo, una atalaya de la Sierra Segundera presidida por un vértice geodésico.

El descenso se hace por un pequeño riachuelo que baja por la vertiente este que surte de agua la Laguna de Lacillo. Esta laguna se halla en una de las zonas húmedas más valiosa de la alta planicie sanabresa, declarada de interés natural. En los márgenes de la laguna se forman arrecifes naturales e islotes, donde se refugian especies de aves acuáticas, caso del ánade real.

Utilizamos como referencia el desagüe de la laguna de Lacillo, para continuar camino dirección al Embalse Vega de Conde, aquí se encuentran algunas casas, abandonadas, que sirvieron para la construcción del muro. Cerca de estos improvisados refugios se halla un rico manantial de aguas frias y cristalinas.

La ruta continúa y lo hace vadeando el río por el mismo muro de la presa, pasado éste se bordea el embalse en dirección norte hasta situarse en su reculaje, lugar en el que se comienza un ascenso suave por la loma que hemos dejado a nuestra derecha. Ganamos altura con rapidez hasta situarnos en las altas estribaciones sur de la Sierra de la Cabrera.

La Peña Cabrita es un estupendo balcón sobre las extensas planicies que en algunos casos rondan los 2.000 m. Estas mesetas yacen cubiertas de nieve y hielo durante el invierno y los primeros meses de la primavera. En estas plácidas llanuras de la estepa alpina, se encuentran diseminadas numerosas lagunas, todas de origen glaciar. Destacan por su peculiar formación, tamaño y situación la de Cubillas, Las Salinas y la de los Peces. Ésta última tiene su desagüe en dirección este, y lo hace por el Cañón de la Forcadura, por el mismo que baja el camino que nos llevará, en un par de horas aproximadamente, hasta el pueblo montañés de Vigo de Sanabria, donde damos por finalizada nuestra gran travesía por estos parajes de la alta Sanabria.